Fotografía tomada de la web utilizada sin fines de lucro en términos de la ley federal de derechos de autor.
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Fotografía tomada de la web utilizada sin fines de lucro en términos de la ley federal de derechos de autor.
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Paulina Torres Casco ipaulina153@hotmail.com
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Sí, en el toreo está presente la muerte, pero como aliada, como cómplice de la vida: la muerte hace de comparsa para que la vida se afirme.
Fernando Savater
No es una novedad que la expresión en contra de la Tauromaquia se escuche con mucha fuerza en estos tiempos. Todo se remonta a la época de los espectáculos de los romanos, y digo espectáculos porque así lo veían ellos. En esa época la gente se divertía del morvo, de ver como el elegido luchaba por su vida y al mismo tiempo de ver como la creatura salvaje no se resistía a la tentación presentada.
En la actualidad, es más certero y casi sin margen de error que el aficionado de la fiesta brava es quien disfruta del folklor que la fiesta brava representa, es que quien valora el ver el arte de utilizar el capote, la muleta, el estoque, la banderilla y demás instrumentos para resaltar y hacer lucir la bravura de un hermoso animal como lo es el toro.
La pasión que se vive en un recinto taurino es única, pues los espectadores son en gran parte gente preparada mentalmente para presenciar la muerte del toro, y en algunas ocasiones hasta adquieren el rol de toristas, pues saben evaluar cuando el matador no está dando una buena faena.
Los demás elementos que complementan una verdadera fiesta son la música, la elegancia misma del matador, rejoneadores, banderilleros, etc. Todo esto que le da un toque único de celebración y homenaje a una tradición de origen ibérico principalmente.
Me parece interesante mencionarles que hubo varias bulas papales y posteriormente un grupo de intelectuales franceses del siglo XVI que opinaron sobre la tauromaquia como una actividad cruel, pero comúnmente pasa esto porque
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