FOTO: CORTESÍA SEÑOR PABLO RUGEL/MINISTERIO RELACIONES LABORALES
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FOTO: CORTESÍA SEÑOR PABLO RUGEL/MINISTERIO RELACIONES LABORALES
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Lic. Eva Rocío Villacís/Exclusivo evarociovillacis19@hotmail.com
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Cuando estuve radicada en la ciudad de Long Branch, estado de New Jersey, vi un reportaje, en la televisión americana, sobre “La Pobreza en Latinoamérica”: desfilaron ante mis ojos una cantidad de escenas dramáticas que evidenciaban, con rudeza, los sinsabores con los que tenían que lidiar nuestros hermanos latinoamericanos.
El momento que mostraron imágenes de niños ecuatorianos laborando e inclusive conviviendo en botaderos de basura con sus familias, de nuestras grandes y pequeñas ciudades, sentí que una oleada de coraje y vergüenza me invadía.
Recordé que estas vivencias son producto de sociedades inequitativas y excluyentes, en las que los grupos vulnerables son los más afectados. Hacer un análisis, de esta situación, en el campo sociológico o económico, ahora mismo, resultaría demasiado extenso.
Siempre escuché que todo trabajo dignifica al ser humano, desde el más humilde hasta el de alta jerarquía. Empero, en el terreno de los hechos, existen trabajos que la sociedad entera debería desterrar para siempre, por dignidad y justicia. Estoy hablando del trabajo infantil en los basurales.
Ecuador está en el grupo de países que cuentan con esta lacra social que sin duda vulnera los derechos de nuestros niños, niñas y adolescentes.
Ahora, con gran fe y optimismo, el gobierno actual, presidido por el Presidente Rafael Correa, acaba de anunciar la erradicación de esta forma de trabajo, poniendo de esta manera el dedo en la llaga en uno de los azotes sociales más graves que impedían que este grupo de ecuatorianos crezcan ejerciendo a plenitud sus derechos.
Con el lema “Ecuador por el Buen Vivir sin trabajo infantil”, varias instituciones públicas y de la empresa privada trabajaron en forma conjunta para que hasta mayo del 2011, se retiren de tal situación de riesgo: 2160 niñas,
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