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Aquella materia escolar denominada FISICA nos enseñó, hace 50 años, que el agua y el aceite no se mezclaban. Metafóricamente esta frase se aplicó a la política partidista pero, por la avidez del “poder por el poder” y los convenencieros pactos partidarios, el origen de esa teoría se fue al canal del desagüe. Con esto, los estatutos y las plataformas ideológicas de los partidos políticos se convirtieron en papel sanitario.
En tanto a los presuntos “servidores públicos” y a los grupos apoderados de los partidos políticos solamente les interesa permanecer succionando del presupuesto y negociando a costillas ciudadanas.
El “color”, convertido también en presunto gobierno utiliza los programas y los recursos para favorecer la imagen de su Partido y con ellos tener una campaña de adhesión y simpatía a quien gobierna y a la institución partidaria o grupal que representa. Quien diga lo contrario es un mentiroso.
Recientemente un grupo de presidentes municipales priístas de Jalisco, se quejaron, en conferencia de prensa que, a pesar de los convenios firmados entre el gobierno federal, el estatal y los municipios, el primer empleado de Jalisco, Emilio González incumple el Acuerdo de Coordinación para la Distribución y Ejercicio de los Subsidios del Programa de Rescate de Espacios Públicos del Ramo Administrativo 20 “Desarrollo Social” al no aportar los dineros estatales.
Estas aportaciones son: 50 por ciento del gobierno federal y 25 por ciento del estatal y del municipal, respectivamente. Y curiosamente, en el umbral preelectoral con miras al 2012 al menos 23 municipios jaliscienses, integrados en dicho Acuerdo no reciben el 25 por ciento estatal. Como esta negativa y perjudicial conducta emilesca hay muchos ejemplos. El más cercano y reciente lo tenemos con las trabas de la Secretaría de Finanzas de Jalisco y la Secretaría de Hacienda para que el Gobierno de Guadalajara inscribiese la solicitud crediticia privada para pavimentación y otros servicios que exige la gente y debe cumplir “la autoridad”.
Es claro que el gobierno panista perversamente maniobra para hacer quedar mal a gobiernos que no son de su color. Sin embargo hasta gobiernos municipales panistas, que no son emilieros, “se llevan entre las patas”. Dice el refrán: “cuando la perra es brava, hasta a los de casa muerde”.
Pero para los jaliscienses si es “compló”.
Otro ejemplo: la ciudadanía que convive con los fétidos olores y
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