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¿Hay algo más placentero que llegar tras una agotadora jornada laboral a casa y disfrutar de un baño relajante? Lo cierto es que es una sensación más que agradable, y es que introducirse en la bañera puede conseguir hacerle olvidar todo lo demás.
Prepara todo lo que te hará falta
Lo primero es preparar el ritual, poner al alcance de la mano todo aquello que vas a necesitar: desde una buena esponja a una toalla suave, pasando por geles, sales de baño, jabones, cremas corporales para aplicarlas nada más salir del agua o productos basados en la aromaterapia.
Son muchas las líneas existentes en el mercado que hacen del baño un auténtico lujo, cuyos productos limpian, tonifican, relajan, hidratan y revitalizan nuestra piel. Es importante crear una ambiente acogedor y para conseguirlo puedes, además, aderezar el baño con una música relajante y unas cuantas velas aromáticas encendidas -eso sí, con precaución-... la placentera sensación será total.
Un momento sólo para ti
La clave es sumergirse en ese mundo de burbujas, dejándose acariciar por la espuma o cubriendo el cuerpo con tu aroma preferido. Hay que convertir la hora del baño en un tiempo de relajación sólo para ti. Al margen de proporcionarte un rato agradable, el baño puede convertirse en un buen aliado para su piel, y es que una de las claves de un cutis de seda es el baño. No olvides que ya los romanos descubrieron sus ventajas y las pusieron en práctica en las termas y baños públicos.
Tiempo y temperatura
El tiempo ideal para un baño está entre 10 y 15 minutos, en función del tipo que elija, relajante o revigorizante (en este último caso no debe estar más de cinco minutos dentro del agua). Es fundamental encontrar la
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