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¿Por qué tú tienes el pecho más grande que el mio?”, le pregunta Sofía, de cinco años, a su mamá. Camilo, por su parte, le dice a su papá a los cuatro años: “¿por qué mi hermanita no hace pipí de pie?” Mientras que Alana, también de cuatro años, le cuestiona a su mamá un día cualquiera: “¿cómo salí de dentro de tu barriga?”
Los niños son curiosos por naturaleza, así que, más tarde o más temprano, empezarán a hacerles a sus padres preguntas sobre sexualidad. El problema para estos últimos, sin embargo, es que generalmente sus pequeños empiezan a interrogarles mucho antes de lo que esperaban.
De acuerdo con el Dr. Enrique Gelpí Merheb, psicólogo clínico especializado en niños y adolescentes, el interés por el tema comienza en los primeros años de vida, incluso tan temprano como a los tres.
En esa etapa las preguntas se enfocan más bien en las diferencias entre géneros (por ejemplo, “¿por qué mi hermano es distinto a mí?”).
No obstante, por más que se trate de inquietudes bastante sencillas, el especialista explica que para muchos papás y mamás no es nada fácil contestarlas, pues -cuando llega la hora de la inesperada conversación- la ansiedad los traiciona.
“Casi siempre, las primeras dudas y preguntas van a venir alrededor de las diferencias físicas, especialmente de los órganos sexuales, y de la masturbación, porque es bastante común que los niños desde bien pequeñitos –de cinco y seis años– empiecen a masturbarse.
Esto es una práctica común porque los órganos sexuales producen placer; ellos no lo hacen con ningún tipo de erotismo en mente, como es el caso de los adultos”, revela el Dr. Gelpí Merheb.
“Los padres van a sentirse muchas veces incómodos, ansiosos y medio perdidos
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